Despedida

Despedida
(by Ultravioleta)
 
Despídeme del cerro. Aquel que nos vio juntos
caminar de la mano como niños sin rumbo.
Deambular sin pasado, sin historia; a lo lejos
y ausentes de cualquier torpe remordimiento.
 
El cerro destinado a velar nuestros sueños,
a volverse horizonte al abrir la ventana,
a entregarse anhelante a nuestros pies ligeros
al cumplir la promesa de recorrerlo siempre.
 
Estrecha  en el balcón entre tu abrazo inmenso
sólo otra vez mi cuerpo, aunque esta vez ausente.
Y vuelve a girar en él, conmigo,  en el deseo
de un baile sin final, sin razón ni destino.
 
Estréchame otra vez hasta que logres verme
y por magia de duendes me aparezca a tu lado.
Repite nuevamente tan dulces las palabras
de amor…ay, para siempre. Soy tuyo para siempre…
 
Estruja mis pupilas. Impacienta mis dedos.
Retuérceme hasta la risa y el llanto al mismo tiempo.
Entretanto el cerro sabiamente callado
sabrá que hacer en caso que no ocurra el milagro.
 
Y finjamos que nada ha pasado este tiempo,
que otra vez el reloj ha estado detenido.
Que éste fue el instante que eternizó la imagen.
No hubo meses, ni ausencia, ni muerte ni desvelos.
 
Mira! Si está mi mano anclada entre las tuyas
y en tu garganta aún anida un no te vayas
que como un eco una, y otra vez y mil veces,
me recorre y me ciega, me acaricia y me mata.
 
Sientes? El rugir del león y el sonido del viento
en su eterna pelea contra la cordillera.
Indómitos y humanos, si todo lo intentamos!
Sinsentido de amarse, amarse hasta perderse.
 
Pero sí…Ay, lo sé! Sólo me despedía.
Perdona el enredarnos en la red del recuerdo.
Me voy. No sé. Tal vez sos vos quién se esta yendo,
y embriagada y hundida en tu pasión me ciego.
 
Apaga cada luz y cierra la ventana,
que ver el cerro ahora me suena casi a burla
del juego del destino con nuestras necias dudas.
Si lo tuvimos todo, y todo lo perdemos…
 
Y suéltame al fin la mano. No soy tuya.
Si ya no soy de nadie, si ya nada poseo.
Sobre rumbos de nómade caminan mis pisadas
y mis ojos indómitos se te van desprendiendo.
 
Calla! Sólo el silencio puede honrar nuestra fuga.
Si yo misma estoy muda y mis manos desnudas.
Alguien debe decirlo: adiós , y para siempre.
Alguien sabrá callarlo: perdón, eternamente.
 

 
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