¡Hola mundo!

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De Borges

1964

Por Jorge Luis Borges

 

Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.

Ya no compartirás la clara luna

ni los lentos jardines. Ya no hay una

luna que no sea espejo del pasado,

cristal de soledad, sol de agonías.

Adiós las mutuas manos y las sienes

que acercaba el amor. Hoy sólo tienes

la fiel memoria y los desiertos días.

Nadie pierde (repites vanamente)

sino lo que no tiene y no ha tenido

nunca, pero no basta ser valiente

para aprender el arte del olvido.

Un símbolo, una rosa, te desgarra

y te puede matar una guitarra.

 

 

II

 

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.

Hay tantas otras cosas en el mundo;

un instante cualquiera es más profundo

y diverso que el mar. La vida es corta

y aunque las horas son tan largas, una

oscura maravilla nos acecha,

la muerte, ese otro mar, esa otra flecha

que nos libra del sol y de la luna

y del amor. La dicha que me diste

y me quitaste debe ser borrada;

lo que era todo tiene que ser nada.

Sólo me queda el goce de estar triste,

esa vana costumbre que me inclina

al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

 

 

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Boris Pasternak, fragmento de Marburgo

Boris Pasternak
Marburgo, de Por encima de las barreras

 Aquel día, toda, de la peineta a los pies
Como lleva un trágico de provincia
Un drama Shakeasperiano,
Te llevé conmigo y te supe de corrido
Ensayándote al vagar por la ciudad.
Cuando caí ante ti, abrazado
Esta niebla, este hielo, esta candente superficie
“¡Que bella eres!· – fue el torbellino de bochorno
¿de qué hablas?
Vuelve en ti.
Todo se perdió, has sido rechazado. "

 

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Retorno

Retorno

(by Ultravioleta)

 
 
De todos mis inviernos este ha sido el más dulce.
Fue extendiendo su piel de escarcha y días breves,
enredando sus rumbos de viento entre las ramas
y devolviéndome uno a uno los ecos de tu cuerpo.
El más dulce y el más corto de todos lo inviernos.
De tan breve hoy me quita la excusa
de temblar de frío para buscar tu abrazo,
como así de fugaz se escapa esta gloria de mis dedos.
 
 
Desde lo más profundo de tus ojos resurjo.
Allí, donde se pierden tus contornos,
desde allí resucito. Tierra de los reencuentros.
Y vuelvo a los orígenes , a la mujer sepultada
 de escenas y promesas, de máscaras y aplausos;
al agua subterránea, oculta aunque bullente.
Encuentro en el retorno un extraño mandato:
todas mis direcciones se encaminan a vos,
todos mis pensamientos limitan con tu nombre.
Lo confieso, me abstengo de cuestiones geográficas,
me interno hacia tus sombras sin marcar el camino.
Me dejo ir, me abandono al ritmo de tu cuerpo.
 
 
Intento desatar cada silencio tuyo. Sé de nudos,
y duelen y al fin cortan la cuerda.
Déjame que devuelva al silencio caricias
y lo acorrale a besos y lo siembre en mis labios
hasta volverlo un dulce silencio compartido.
Déjame que cuente las cifras mudas del dolor en tus ojos
y disperse sus números, desactive sus fórmulas
y los transforme en rasgos, simples líneas oscuras
que se vayan borrando con el paso del tiempo.
 
 
El invierno aún destila su gris en la ventana.
En cada hueco estás, y estás cada momento.
Sos parte de los hilos que sostienen mi marcha
y parte del camino donde escribo mi huella.
Líbrame de este miedo,
que crece como el musgo desnudo en la baldosa
sin prisas y sin pausa. Inexorablemente
el temor acompaña al día más celeste,
al más alto de los vuelos y a la más tibia manta.
 
 
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Ultima Cena

Ultima  Cena
(by Ultravioleta)
 
 
Me bebo en silencio  tu sangre,
el vino de la espera.
…Justo detrás del lugar del desencuentro.
Y es en el brindis último, al beber tu sudor,
por vez ultima surcándome, lo juro,
donde encuentro tu esencia. 
Mastico lentamente tus excusas, y me saben a nada.
Ya no tienen sabor,
o yo estoy sin sentidos.
Y en la orgía de la gula desentierro las mías,
que yo también las tengo,
y no  pocas,
y ni siquiera  malas,
y casi nunca obvias,
y jamás contaminadas por crudas realidades que enturbian las tuyas.
Las mías son tan sólo sencillamente excusas.
Corto en finas láminas las horas, los segundos compartidos,
y casi desaparecen al filo de mi conciencia recuperada.
Y al  relámpago acerado del corte certero se transforman en polvo,
polvo que vuela al viento,
viento que jamás vuelve.
Lo que jamÁs vuelve porque nunca fue.
Ay, ese fue nuestro tiempo…
 
En nada nos convertimos en esta Ultima Cena,
parodia de las horas de los sueños febriles,
en trama ahora deshecha de una azarosa historia.
Aderezo con lágrimas y besos escapados
los últimos resabios de nuestros sentimientos. Y en el ardor
de nuestra pasión trasnochada acaban de abrasarse
los tallos del dolor.
Te lo dije: ya no nos une nada. Ni siquiera el espanto como dijo el Poeta.
 
Repartimos el pan, los recuerdos comunes,
y en las migas que caen,
como potros en desbocada carrera se deshacen los momentos,
los lugares, las fechas. Todo se desmenuza,
la realidad misma desaparece debajo del mantel,
allí donde nadie barrerá, porque a nadie le importa.
 
Y llegará lánguida la desilusión del postre,
la desunión perfecta en implacable éxtasis,
el último bocado de lo antes exquisito….
El manjar de los dioses,
antes miel y granadas encendiendo en la boca
una dulce promesa de insondables placeres
y hoy  amargo ardor del amor ulcerado.
 
Ay cómo duele, aun cuánto mucho más duele,
perderte entre mis manos, como agua entre los dedos…
Cuánto duele evadirme cuando tu voz me llama…
Sonar del sinsentido de lo nunca escuchado, de lo jamás dicho,
de lo siempre y por siempre absoluto y fatal presupuesto.
Hasta aquí hemos llegado…
Qué más?
Cuánta carne más de tu cuerpo y el mío desgarrarán los dientes
de esta absurda impotencia?
Cuánto dolor más?
Hasta cuándo?
Hasta dónde?
 
 
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Anais Nin, fragmento de Diarios

Anais Nin (escritora franco-americana, 1903-1977)
Diarios (fragmento)

" Me fui a mi cuarto, envenenada. Soplaba incesante el mistral, seco y cálido. Así llevaba días, desde que llegué. Destrozaba mis nervios. No pensé en nada. Me sentía dividida, esa división me mataba, la lucha por sentir la alegría, una alegría inalcanzable. La irrealidad opresiva. De nuevo la vida retrocediendo, eludiéndome. Tenía al hombre que amaba en mis pensamientos; lo tenía en mis brazos, en mi cuerpo. El hombre que busqué por todo el mundo, que marcó mi niñez y me perseguía. Había amado fragmentos de él en otros hombres: la brillantez de John, la compasión de Allendy, las abstracciones de Artaud, la fuerza creativa y el dinamismo de Henry. ¡Y el todo estaba allí, tan bello de cara y cuerpo, tan ardiente, con una mayor fuerza, todo unificado, sintetizado, más brillante, más abstracto, con mayor fuerza y sensualidad!  Este amor de hombre, por las semejanzas entre nosotros, por la relación de sangre, atrofiaba mi alegría. Y de este modo, la vida hacía conmigo su viejo truco de disolución, de pérdida de lo palpable, de lo normal. Soplaba el viento mistral y se destruían las formas y los sabores. El esperma era un veneno, un amor que era veneno. "

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Del no lugar y el no tiempo

Del No lugar y  el No tiempo
(by Ultravioleta)
 
De vuelta de todo,
después de haberte amado,
consolado, alimentado, desvestido,
adorado y dejado adorarme
después de haberte visto orar
y antes de haberte alcanzado.
Después de haberte arrancado la piel con mis dedos
y después de haber masticado tu carne y bebido tus secretos.
Después de haberme deshecho en sangre, en risas y lágrimas
al solo contacto de tus dedos.
Pero antes de haberle puesto siquiera nombre al hijo que jamás engendraremos.
 
En el instante preciso en que el camino se volvió invisible.
Entre el pasado y el futuro. Y en un lugar avanzado del presente,
que por tan adelantado
no consigo ver con claridad.
En el cruce de la ruta de lo inexplicable y del sendero del desaliento.
Absortos en un confuso mar de símbolos indescifrables
que antes nos habían sido plenamente conocidos.
El lugar donde la bruma confunde los cuerpos, las emociones,
donde las cifras del reloj se desdibujan por irreales,
pero las horas siguen corriendo sin que el tiempo pueda ya detenerse.
 
Ay, mi amor de siempre y para siempre.
Siempre en mis manos pero más allá de mí…. 
 
En el no lugar y en el no tiempo
quedaron ancladas nuestras almas,
agotadas de todo y de tanto:
nuestro amor inconcluso,
nuestra indecisión infinita,
nuestra pasión sin límites,
nuestra plenitud inconciente en su inmensidad.
Y así llegamos a ese punto,
por no conocer de límites, por no sujetarnos a una regla,
por no creer en un Dios, ni abrigarnos en sus genealogías.
Nos volvimos inexistentes de eternidad.
Nos detuvimos en el tiempo de tanto vértigo desbocado,
incompletos por el  afán de bebernos hasta la última gota.
Suspendidos en la ausencia por estar el uno por el otro tan siempre presentes…
 
Pollock. Hombre mujer
 
Gracias Mimi !
 
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